La semana pasada te contaba que nuestro cuerpo se ve influenciado por la luna y cómo nuestras emociones, nuestro cuerpo y nuestra capacidad de concentración van cambiando al ritmo que lo hace ella. Y si en la píldora de sabiduría femenina para la vida cotidiana de la semana pasada hablábamos de la luna menguante, en esta nueva entrega me gustaría hablarte de la luna nueva, de su influencia y de las mejores prácticas corporales que podemos realizar durante estos días. 


Hoy es luna nueva y para mi es un día especial. Me gusta respetar la influencia de la luna en mis prácticas diarias. Por un lado, porque mirar al cielo y seguir el ciclo lunar me recuerda que mi naturaleza es cíclica también y me da la oportunidad de observar, amar y respetar mi ciclo cambiante. Y, por otro lado, me hace recordar que formo parte de algo más grande que mi día a día, marcado por el estrés y el atropello de imágenes, ruidos, olores y sabores que pasan a una velocidad de vértigo…Volver la mirada a la luna me hace parar y conectar de nuevo con mi esencia.

Durante las últimas semanas te he ido compartiendo prácticas corporales para conectar con la energía receptiva, sutil y femenina que simboliza la luna. Tienes a tu disposición el Saludo a la Luna o Chandra Namaskara y una serie de consejos y prácticas para los días de luna llena y luna menguante. En esta píldora de sabiduría femenina para la vida cotidiana quiero profundizar un poquito más en los cambios que experimenta nuestro cuerpo durante la luna nueva y proponerte las mejores prácticas para realizar en estos días.


¿No puedes quedarte a ver el vídeo? Escucha esta píldora en formato podcast:

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la luna nueva y las emociones

El agua es el principal componte de nuestro cuerpo. La luna influye en nuestras aguas internas al igual que lo hace en las aguas de nuestro planeta, dando forma a las mareas. A lo largo de sus diferentes fases experimentamos cambios emocionales, diferencias en la capacidad de concentración, en nuestra respiración y también en la flexibilidad de nuestro cuerpo.

El agua es además el elemento que rige nuestras emociones. Por eso, en las diferentes fases de la luna nuestras emociones fluctúan y, si somos conscientes de estos cambios, podemos abrazarlos desde la compasión y el amor hacia nosotras mismas. Sin exigirnos ser siempre las mismas y sin frustrarnos por los cambios que experimentamos.

Durante la fase en la que la luna desaparece del firmamento las mareas están tranquilas, igual que nuestras emociones. En este momento me gusta diferenciar dos fases distintas, pero relacionadas entre sí: la luna oscura, que es el final de un ciclo y el momento de mayor introspección, y la luna nueva, que simboliza el inicio de un nuevo ciclo y el momento en que la luz de la luna comienza a emerger.

A un nivel emocional estos momentos son también algo diferentes.

En la luna oscura estamos en «nuestra cueva». Vamos hacia el interno para reflexionar sobre el ciclo que termina y todo aquello que nos ha enseñado. Nos enfrentamos al vacío que dejan las cosas de las que nos hemos desprendido. O reflexionamos sobre el mejor modo de transformar aquello que durante la fase anterior nos ha pedido un cambio.

Puede ser un momento muy desafiante porque puede traer algo de tristeza a nuestras vidas. Al fin y al cabo, estamos transitando un duelo por aquello que ya murió y es muy importante abrazar esta emoción, sostenerla, danzar con ella…

Es una etapa crucial porque no nos han enseñado a sostener estos vacíos y los llenamos de mil cosas, conductas aprendidas, pensamientos e ideas… que nos impiden realmente aprender de las situaciones que se han mostrado, para no caer de nuevo en el mismo patrón.

Durante la fase de la luna nueva empezamos a salir de la cueva y sembramos las semillas de todo lo nuevo que deseamos ver manifestado en nuestra vida.

Para ello es importante haber transitado bien la fase de la luna oscura, porque necesitamos el vacío para crear. Si quieres saber un poquito más sobre esto, te invito a leer el artículo La terapia del útero | Qué es y cómo puede ayudarte.

La luna nueva es un momento en el que meditamos y visualizamos nuevos futuros y todo aquello que deseamos crear en el ciclo que se inicia, para poder ponerlos en acción durante la fase de la luna creciente. Es además un momento de profunda conexión con lo divino porque es desde allí, desde el gran útero de la Madre cósmica, desde donde sembramos todo lo nuevo que deseamos crear en nuestra vida.

Si nos permitimos esta fase de introspección emocional nuestras capacidades creativas crecerán enormemente, igual que lo hará nuestra energía vital.  

la luna nueva y el cuerpo

Durante la fase de la luna nueva nuestro cuerpo se recarga de prana, de energía vital. Y por eso necesitamos darnos tiempos de descanso y nutrición, para iniciar un nuevo ciclo con salud y vitalidad.

En este momento se reduce nuestra flexibilidad, por lo que es importante no pedirle al cuerpo una práctica física muy exigente e intensa, ya que nuestros ligamentos y articulaciones están menos hidratados que en otras fases. Lo más importante de este momento del ciclo es permitir que tu cuerpo descanse para renacer de nuevo con los primeros rayos de luz lunar, llena de fuerza.

la luna nueva y las mejores prácticas corporales

La luna nueva es un buen momento para dirigir nuestra energía hacia una práctica meditativa profunda y reflexiva acerca de algún aspecto concreto para recibir una solución o la ayuda de nuestros guías.

Es además un buen momento para iniciar una nueva rutina y una práctica disciplinada y estructura que podamos ir desarrollando durante el ciclo que se inicia.

El Chandra Namaskara

Al ser una práctica de movimiento hacia adentro y levemente tranquilizante, es una de las mejores opciones para esta fase. Si la realizamos de forma lenta y consciente, con devoción y gratitud a la divinidad femenina, esta práctica se convierte en una plegaria de cuerpo entero.

También nos van a ayudar aquellas prácticas de Womb Yoga que nos permitan conectar con la energía yin y el silencio, con posturas que favorezcan la interiorización para ir aprendiendo a reconectar con la esencia de la energía femenina y nuestro interno. Estas prácticas nos van a permitir entender cuáles son nuestras necesidades para el nuevo ciclo y también nos van a permitir conectar con las nuevas creaciones que pulsan por manifestarse.

Los pranayamas que nos llevan hacia abajo, para anclarnos, las danzas con el elemento tierra, para enraizarnos, y las danzas meditativas, para conectar con el elemento éter y las energías divinas, son nuestras grandes aliadas para estos días de luna oscura.

Estos consejos son aplicables tanto en los días de luna nueva, si has entrado en tu segunda primavera (menopausia) o te han extirpado el útero, como durante la fase menstrual.

Y recuerda que puedes encuentrar todas estas prácticas corporales en BodyLAB, la comunidad online de Habitarte cíclica.


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