Inake-Enheduanna

Hija de Sargón el Grande, que unificó el centro y el sur de Mesopotamia hace 4.300 años, Enheduanna escribió varios himnos y tres poemas dedicados a la diosa Inanna, los primeros textos en la historia que se pueden atribuir a un autor.


Se colocó a la altura de una de las principales divinidades del panteón acadio. Habló a Inanna –también conocida como Ishtar o Astarté–, diosa del amor y de la guerra, de tú a tú. Su padre, el rey Sargón, la había elevado al cargo de suma sacerdotisa en Ur. Y ella, orgullosa, dejó su impronta en los textos que dedicó a la diosa. «¡Yo, la suma sacerdotisa, yo, Enheduanna! Yo llevé el cesto ritual, yo entoné la alabanza», escribió hace 4.300 años en uno de sus poemas más conocidos, titulado La exaltación de Inanna.

Gracias a eso, a su deseo de quedar grabada con un punzón en tablillas de arcilla en escritura cuneiforme –denominada así porque los signos tienen forma de cuña–, esta princesa acadia es el primer autor conocido de la Historia.

la vida de una suma sacerdotisa

Enheduanna fue hija de Sargón el Grande. La mitificada infancia de este rey, que nació entre los años 2350 y 2300 antes de nuestra era –las cronologías difieren–, tiene indudables resonancias bíblicas. Cuando era un bebé, su madre, una sacerdotisa, le abandonó en una canastilla en el Éufrates. Pero, de las aguas del río, le rescató un jardinero, que le crió. Ya en la adolescencia, Sargón ocupó el puesto de copero mayor de Ur-zababa, rey de la ciudad de Kish, al que derrocó. Fue la primera de sus conquistas.

Dos pueblos se repartían el centro y el sur de Mesopotamia a finales del segundo milenio antes de nuestra era, cuando Enheduanna vivía. Las ciudades-estado de los sumerios, que habían llegado a la región mil años antes, se extendían por las tierras próximas al Golfo Pérsico. Al norte, vivían los acadios, pueblo de ascendencia semítica al que pertenecía Sargón.

Tras usurpar el trono al soberano de Kish, las fuerzas del joven rey avanzaron implacablemente por la región. A sus pies, cayeron Erech, Lagash, Umma, Ur… Los territorios de Akkad y Sumer formaron así el primer gran imperio de la historia, ubicado en lo que hoy es Irak. Un reino, bañado por el Tigris y el Éufrates, en el que Sargón impuso su ley gracias a su ejército, los funcionarios semitas que colocó en puestos clave y la religión.

Enheduanna jugó un papel decisivo en la legitimación divina del poder de su progenitor. Fue la primera princesa en ocupar ese puesto, una tradición que perduró cinco siglos y que ejemplifica el relevante papel social que jugaban las mujeres de las altas capas de la sociedad sumeria. «Sus poemas sirvieron para mantener unida la tierra que su padre había hecho un enorme esfuerzo por anexionar», afirman los especialistas W.W. Hallo y J.J.A. van Djik, autores de The Exaltation of Inanna [La Exaltación de Inanna].

Nacida entre 2.300 y 2.280 antes de nuestra era, al final de su reinado, Sargón la designó suma sacerdotisa y la destinó a Ur, el más importante de los centros religiosos de Sumer. Allí, a orillas del Golfo Pérsico –el Índico se adentraba más en Mesopotamia que en la actualidad, y el Tigris y el Éufrates desembocaban separado–, fue donde la princesa adoptó el nombre de Enheduanna, que significa «suma sacerdotisa del ornamento del cielo».

Aunque consagrada a Nanna, el dios de la Luna, su principal devoción era para Inanna, hija de Nanna, que tenía su morada celeste en Venus, y a esta divinidad dedicó –tres siglos después de que se desarrollara la escritura en Sumer– tres poemas que han llegado hasta nuestros días.

muerte y resurrección

La comunidad en la que vivió se dedicaba a «actividades como la pa-nadería, la carnicería y la elaboración de cerveza. Enheduanna dirigía la actividad agrícola en el templo y la industria pesquera local», indica Betty DeShong Meador, coautora de Inanna, lady of largest heart. Poems of the Summerian High Princess Enheduanna [Inanna, señora del corazón más grande. Poemas de la princesa sumeria Enheduanna], libro en el que se recopila la traducción de parte de la obra de la poetisa acadia.

La princesa vivió dramáticamente los vaivenes políticos que sucedieron al fallecimiento de su padre. «¡Yo, acostumbrada al triunfo, he sido expulsada de [mi] casa. Como una golondrina, me hizo [Ashimbabbar] volar por la ventana, y mi vida se ha consumido. Él me hizo caminar entre las breñas de la montaña. Él me arrancó la corona apropiada de la alta sacerdotisa. Y me dió daga y espada — “esto es más para tí” — me dijo».

Así refleja en un poema el destierro temporal que sufrió durante una revuelta contra su sobrino Naram-Sin. Acabó volviendo a Ur, al templo, donde murió. Pero, cuando la dinastía sargónida sucumbió bajo los invasores gutianos, los sacerdotes trataron de eliminar todo rastro de su existencia. Este hecho puede explicar también los enfrentamientos y las luchas de poder que llevarían finalmente a la pérdida del poder social que tenían las mujeres sumerias ante el avance de la lógica de patriarcal. Y con ella, la degradación de las divinidades femeninas del amor y la fertilidad.

Enheduanna «resucitó» históricamente en 1926, cuando Leonard Woolley encontró en Ur un disco de calcita –de 25,6 centímetros de diámetro– con un relieve de una escena ceremonial y una leyenda, en el reverso, que dice: «Enheduanna, suma sacerdotisa de Nanna, esposa del dios Nanna, hija de Sargón, rey del mundo, en el templo de la diosa Inanna, en Ur…». Gracias a que su nombre aparece en los himnos religiosos que escribió en tablillas de arcilla, ha sido posible identificar a la hija de Sargón de Akkad como el primer autor conocido de la Historia.

«Reina de todos los poderes concedidos. Desvelada cual clara luz. Mujer infalible vestida de brillo. Cielo y tierra son tu abrigo. Eres la elegida y santificada», dejó escrito, en honor a Inanna, 1.500 años antes de que Homero firmara La Odisea.


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2 Comentarios

  1. Superinspirador! Me encanta!

    • síiiiii, es fascinante!


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