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El cuerpo femenino

Acabo de llegar de ver a la ginecóloga. Y digo ginecóloga porque insistí en que, para este caso, fuera mujer porque creí –ingenua de mi– que sería más fácil que nos entendiéramos. Desde hace unos meses padezco dolores menstruales insoportables, son tan fuertes que hasta me hacen vomitar. Para descartar cualquier problema físico me hice una citología y ahora también una ecografía. Obvio aquí el hecho de lo incómodo y hasta doloroso de las dos pruebas. Todo está bien. Ni endometriosis, ni fibromas, ni nada. Lo que me ha hecho enfadarme hasta querer prenderle fuego al despacho de la médico en cuestión es que, antes incluso de hacerme la prueba, antes incluso de sentarme y no hacerme más preguntas que cuántos hijos tenía y ponerme cara de perro al decirle que ninguno (y esto da para otro post), ella ya tenía la solución: tomar pastillas anticonceptivas. Cuando le he dicho que prefería no hacerlo, ella ha dado por terminada la consulta diciendo que no podía hacer nada más por mi.

¡Que no puede hacer nada más por mi! Qué tal esto:

  1. Pregúntame cómo es mi ciclo menstrual: regular o irregular, abundante o escaso, cómo te sientes los días previos a la regla (malhumorada o relajada, ansiosa o tranquila, etc.); ¿tienes antojos dulces o salados?; y los días después de la regla, ¿cómo te encuentras?, ¿sabes cuándo ovulas…?
  2. Pregúntame por mi estilo de vida: ¿te sientes estresada últimamente?; ¿ha habido algún episodio doloroso o un cambio brusco en tu vida (una pérdida, por ejemplo)?; ¿cómo es tu alimentación?; ¿has probado a reducir la ingesta de lácteos y carne para ver si disminuye el dolor?; ¿haces ejercicio regularmente?, ¿qué tipo?; ¿has notado que durante el ciclo hay momentos en los que tu cuerpo te pide parar y no lo haces? ¿Te escuchas?

Y tantas, tantas preguntas que podría haber hecho. Pero no, vamos a lo fácil. Te duele la regla, toma pastillas. No te puedes quedar embarazada, sométete a un tratamiento de inseminación artificial. De los efectos secundarios hablamos cuando lleguen.

Las pastillas anticonceptivas han ayudado a muchas mujeres a lo largo del tiempo, pero también es verdad que, de algún modo, nos desconectan de partes esenciales y, en mi caso, he padecido efectos secundarios concretos. De ahí que no sea una opción para mi y estaría genial que mi ginecóloga (por ser mujer y compartir problemáticas corporales, por decirlo de algún modo), llegara a comprender mi postura y no zanjara la cuestión con un insensible y hasta poco profesional «No puedo hacer nada por ti».

Como hace ya algún tiempo que vengo padeciendo este problema, decidí investigar un poco por mi cuenta y llegué a un libro que para mi es esencial y que os recomiendo: Cuerpo de mujer, sabiduría de mujer, de la ginecóloga norteamericana Christiane Northrup. En él Northrup ofrece una información completa y detallada de todo lo referente a la salud de la mujer, y combina los últimos avances en medicina con terapias alternativas que implican tanto el cuerpo como la mente.

Porque, para ella, sin salud emocional no hay salud física y el bienestar de la mujer no puede disociarse de su vida cotidiana y del papel que desempeña en la sociedad. En sus páginas nos demuestra que cuando la mujer cambia las condiciones básicas de vida que la han conducido a problemas de salud, sana más deprisa, de forma más completa y con muchas menos intervenciones médicas. Así, desde una perspectiva holística que tiene en cuenta las emociones y el desarrollo personal, pone al descubierto el patriarcalismo de la profesión médica y muestra la cara oscura de algunas creencias extendidas.

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Sebastiao Salgado. Serie Génesis

En el caso concreto que me ha llevado a escribir este post, Northrup afirma que el 60% de las mujeres sufre de dolor menstrual. Un porcentaje menor es incapaz de funcionar durante un o más días del mes debido a la intensidad del dolor. Muchas veces se debe a un tipo de estrés producido por elevadas hormonas de cortisol que, acompañado a una dieta elevada en lácteos y azúcares refinados, produce exceso de insulina, activando una sobre-producción de prostaglandina F2 Alfa, que afecta al útero de diversas formas. Durante el periodo, las mujeres liberamos toxinas, pero también emociones, información y alta dosis de creatividad, que no se contemplan en un diagnóstico común y que tampoco incorporamos a nuestro día a día porque desconocemos la ciclicidad de nuestro cuerpo. El hecho de que en nuestra cultura  la mayoría de mujeres sufran dolores menstruales es un indicativo claro de que algo va mal en la relación con nuestro cuerpo. Es testimonio de que hemos perdido la conexión con nuestra sabiduría menstrual. En otras palabras: desconocemos profundamente el cuerpo que habitamos. Caroline Myss ahonda todavía más en el tema y dice que los dolores menstruales son indicadores clásicos de que una mujer está en conflicto con su realidad femenina.

Lo que Northrup propone en su libro, además de conocer el ciclo menstrual femenino y meditar sobre los posibles conflictos emocionales detrás del dolor, es un tratamiento nutricional: una dieta basada fundamentalmente en fruta y verdura fresca, junto con proteína magra, con carne de pollo, pescado, tofu, huevos, legumbres y productos de soja, en la que se elimine o se reduzca en gran parte el consumo de todos los alimentos «blancos», como aquellos elaborados con lácteos,  harinas y azúcares blancos. Tomar ácidos grasos esenciales, procedentes de sardinas en lata, salmón o aceite de oliva, y aumentar el consumo de vitaminas B, C y E.

Influenciada, además, por la medicina tradicional china, la ginecóloga norteamericana propone también un tratamiento energético: reducir el estrés, aprender a valorar y apreciar los ritmos del ciclo menstrual y acupuntura. Y yo, a falta de una solución por parte de la medicina occidental que no pase por tomar pastillas anticonceptivas y visto que físicamente todo está bien, voy a probar con esto y os lo voy a contar.

También me encantaría saber tu opinión. ¿Padeces dolores menstruales? ¿Qué haces tú para solucionarlo? ¿Te parece acertada la posición de ginecólogas como Christiane Northrup?

Rosa Mística

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5 Comentarios

  1. Hola Alicia!

    Acabo de leer tu post sobre tu experiencia y decepción ante lo que se supone un»profesional médico». Estoy contigo, tienes mi apoyo y recomendaré este libro a una gran amiga que padece el mismo problema que tú.

    Gracias por haberlo compartido 🙂

    Un abrazo enorme.

    Vanessa.

  2. El ansia por conocer ese futuro enigmático se vive a sabiendas de un cambio radical de actitud en el que el gesto primordial sea el de quitarse las máscaras y encarar la realidad apartando los velos de la vaga ilusión juvenil, “lejana e irisada”. Esta asunción de una nueva encarnadura femenina exige de la mujer que sepa habitar la soledad y encontrarse a gusto en una nueva habitación, el cuarto propio que para sí y para las demás de su género reclamaba a finales de los años veinte Virginia Woolf

  3. Hola! Me ha gustado mucho el artículo y me encantaría seguir ahonando en el tema. Desde bien jovencita mis ciclos menstruales me han provocado cambios a nivel emocional de intensidad tal que acabé en una consulta psicologica esperando a que me diagnosticaran bipolaridad….por suerte dí con una buena profesional….
    El libro de Miranda Gray fue como encontrar un tesoro, lo primero que me pregunté fue «por qué nadie me ha contado esto antes!?!»
    Todo y entenderlo sigo teniendo cambios emocionales durante el ciclo que a veces se me hacen cuesta arriba. Me he planteado alguna vez tomar anticonceptivos y ser por fin una persona estable, pero algo dentro de mi se resiste a tomarlos. En las consultas medicas es la única opción que plantean. Ese algo dentro de mi cree que esos días de oscuridad tan intensa antes de la menstruación son como una puerta que me connecta a mis emociones más profundas y quizás sea una oportunidad para sanarlas, no lo sé. He empezado a probar con la acupuntura, pero siento que nadie me entiende realmente. Por eso es muy reconfortante encontrar estos blogs. Gracias!

    • Hola, Adelaida! Me alegro mucho que te haya gustado el artículo. Como bien dices, somos cíclicas y si nos hubieran enseñado el funcionamiento de nuestro cuerpo desde bien pequeñas no estaríamos peleadas con esa ciclicidad y la entenderíamos como un llamado a mirar hacia dentro de nosotras mismas. Como dices, la oscuridad que se presenta en las fases pre-menstrual y menstrual son una oportunidad para mirar de frente nuestra sombre y las emociones densas asociadas a posibles heridas que nos dejan desplegar todo nuestro potencial. Nuestro cuerpo nos avisa y podemos convertirnos en nuestra propia medicina. Un gran abrazo.


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