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La sexualidad consciente y el tantra es un tema que nos llama poderosamente la atención a todas las mujeres que estamos despertando a una nueva forma de relacionarnos con nuestro cuerpo, con el otro y con nuestra sexualidad. Sin embargo, también es un tema que nos tiene muy confundidas.


Vuelvo de un retiro enriquecedor y muy potente, en el que he tenido la suerte de poder acompañar a diez mujeres poderosas. De hecho es el primer retiro que organizo junto a una compañera excepcional: Silvia Núñez Ríos. La energía de lo vivido durante tres días me acompaña aún y creo que me acompañará siempre. Ya sabes… es enorme el poder que tienen las «primeras veces».

Durante el círculo que realizamos el sábado por la noche, surgió de manera recurrente el tema de la sexualidad consciente y el Tantra. Es un tema que nos llama poderosamente la atención a las mujeres que estamos despertando a una nueva forma de relacionarnos con nuestro cuerpo, con el otro y con nuestra sexualidad. Sin embargo, también es un tema que nos tiene muy confundidas.

Posiblemente hayas escuchado alguna vez el término «sexo tántrico». Si no eres muy entendida en la materia, puede que creas que es algo similar al Kamasutra. En realidad, el Kamasutra y el sexo tántrico no tiene nada que ver.

Mientras el primero es un libro en el que aparecen una serie de posturas sexules, el sexo tántrico se refiere a la práctica del Tantra, que es una filosofía de vida que surgió hace más de siete mil años en el valle del Indo, en la que se incluye la experiencia sexual como una parte más de su ideario. Sin embargo, no es su fin.

Sexo tántrico: ¿qué es?

Así que, en realidad, el sexo tántrico como tal no existe, sino que existe el Tantra. Y aunque en Occidente se asocia a la práctica sexual, el Tantra es una experiencia holística que tiene un origen antiquísimo, previo al desarrollo del hinduismo y el budismo. Esta práctica ayuda a las personas a vivir en el momento presente y a experimentar la vida a través de los sentidos, tomando conciencia de lo que ocurre en su propia energía interna. 

Se base en la existencialidad y en el «aquí y el ahora», es decir, en el momento presente. De manera indirecta esta actitud hacia la vida afecta a la sexualidad, pues se adopta una mentalidad no enjuiciadora, en la que la persona conecta con su ser y el de su pareja. 

El Tantra nos permite vivir con una mayor libertad y nos ayuda a desarrollar los sentidos y la manera de amar a los demás. Asimismo, gracias a estar en el momento presente, es sinónimo de conexión emocional, es fusión con uno mismo y con nuestro amado. El Tantra intensifica la experiencia sexual porque pone toda la atención en la práctica sexual. La mente y el cuerpo se fusionan e intensifican las sensaciones y la experiencia. 

Ejercicios prácticos de sexualidad consciente

Por tanto, para practicar el sexo tántrico hace falta practicar el Tantra. Y… ¿cómo es posible hacer eso? 

A continuación te ayudo a experimentar con esta práctica y te propongo una serie de ejercicios que pueden ayudarte mejorar la experiencia sexual y, por tanto, el placer derivado de este acto. 

1. El presente sagrado

El presente es, sin duda, la mejor manera de conectar con una misma. Poner el foco de atención en el aquí y el ahora hace que nuestra mente no esté rumiando, por lo que nos podemos entregar más a fondo. De hecho, si nos centramos en el pasado o en las expectativas, es muy complicado conseguir placer. Para el Tantra, el único tiempo que existe es el presente

El presente es considerado como un momento sagrado. Para poder apartar las ideas, pensamientos, recuerdos e imaginaciones, es necesario abrirse a la experiencia de la persona y tomar conciencia sobre el lugar, la situación, la piel de la pareja, su pelo, su olor… Para abrir la puerta del flujo de sensaciones y de energía entre ambos, es necesario centrar la atención en el aquí y el ahora. Esto es posible al practicar la respiración tántrica. 

¿Cómo hacerlo? Justo antes del encuentro sexual, es necesario colocarse frente a la pareja, desnudos, el uno delante del otro. La respiración tántrica se emplea para aquietar el propio cuerpo y controlar la inspiración y la expiración, de forma que la atención se centre en la entrada y salida de aire por la nariz. Hay que tener los ojos cerrados y hacerlo durante cinco minutos. Cuando uno ha controlado su respiración, es el momento de conectar con la respiración del otro y fusionar ambas respiraciones. Entonces, nuestra pareja comienza a ser alguien con quien conectamos y disfrutamos de la experiencia como una sola entidad. 

2. Contacto visual

Hay muchas personas que temen mirar directamente a los ojos a otras persona, pero la mirada dice más que mil palabras. Desnudos el uno frente al otro, es posible aumentar la conexión simplemente manteniendo el contacto visual. 

Para lograr la conexión, solo es necesario sentarse desnudo delante de la pareja y descifrar qué siente y qué sientes tú. Se trata de ser consciente de lo que ocurre en ese momento especial. Pese a que al principio puede resultar incómodo, al final acabaréis desnudando vuestros sentimientos. El resto pasará solo.

3. Control de los chakras

El Tantra pone el foco de atención en los chakras, que son los centros de energía del cuerpo. Esta práctica favorece el intercambio energético entre los miembros de las relaciones íntimas, que desde esta filosofía se entiende que son seis: el instintivo-sexual, el emocional y el mental-espiritual. 

Los chakras se trabajan a través del masaje tántrico. Para ello, uno de los miembros de la pareja se coloca boca abajo y el otro realiza un masaje desde los pies al primer chakra y, desde ahí, pasando por los siete principales. Después, el miembro de la pareja que estaba boca abajo se da la vuelta y el otro realiza un masaje desde la coronilla hacia los pies. Una vez que se ha masajeado todo el cuerpo de uno de los miembros de la pareja, los dos cambian de roles. Una vez hayan experimentado este masaje, están listos para el encuentro sexual. 

4. Exploración del valle

El Tantra también se conoce como el culto a lo femenino. Lo femenino hace referencia a las características arquetípicas de la ternura, la escucha, la suavidad y la sensibilidad, la receptividad… Asimismo, la mujer es la figura creadora de vida y aquella que es capaz de transmutar las energías densas de la relación. Por tanto, el Tantra pone una especial atención en respetar el ciclo femenino (nuestro deseo sexual como mujeres cambia) y los tiempos que necesitamos en la práctica sexual.

El hombre tántrico tiene la predisposición de acompañar y prestar su esencia para que su compañera disfrute. Esta especial atención sobre el placer de la mujer, a su vez, repercutirá en el suyo propio. Para trabajarlo, el hombre debe mostrar una actitud de atención plena y atención receptiva hacia el cuerpo de su pareja: escucharlo, percibirlo, sentirlo con sutileza y en su totalidad. El aumento de excitación de la mujer también proporcionará un inmenso placer al hombre.

Un hombre que ha entendido lo que significa el Tantra nunca alardeará de sus conocimientos. Sabrá que un buen amante es aquél que es capaz de abrir su corazón y entregarse plenamente al proceso.

5. Descubrir el universo nuevo

Este punto puede parecer similar al anterior, pero mientras el anterior presta atención a las señales que el hombre (Shiva) recibe de su pareja (Shakti). Este conocimiento despierta la conciencia del varón. Sin embargo, el cuerpo humano es un universo por descubrir, y existen distintas zonas erógenas que podemos ir despertando y descubriendo

Para hacerlo, los miembros de la pareja deben coger un folio en blanco y dibujar, cada uno, el cuerpo del otro tanto por delante como por detrás. Cada uno colorea con un color distinto las partes del cuerpo de su pareja que considera que son zonas erógenas. Luego llevan a cabo la comparación de sus ideas. En el próximo encuentro sexual, llevan a cabo sus descubrimientos. 

6. Los distintos ritmos

Los seres humanos tenemos una gran capacidad de adaptación y habituarnos a una rutina es algo innato en el ser humano. Esto hace que sea necesario ir cambiando los ritmos en el encuentro íntimo con la pareja. Todo en la naturaleza va modificándose, y lo mismo debería ocurrir en el sexo. Es posible emplear la variedad sin necesidad de cambiar de compañero. El cambio de intensidades y ritmos incrementa la energía de excitación y ayuda a tener orgasmos más intensos. 

Un ejercicio tántrico que se puede prácticar es el siguiente. Cuando los miembro de la pareja están en un encuentro íntimo, deben ir variando el ritmo y la intensidad de las caricias, especialmente en las zonas erógenas. Esto no solo debe hacerse en los preliminares, sino también durante el coito. Por ejemplo, es posible realizar seis penetraciones suaves y una profunda. También se puede llevar a cabo una combinación 5-1, 4-1, 3-1, 2-1, 1-1 (donde el primer número son las penetraciones suaves y el segundo las profundas) para luego volver a iniciar la secuencia. 

7. Dominio del orgasmo valle

Son muchas las personas que se interesan por el Tantra para adquirir un dominio en cuanto al proceso eyaculatorio, porque cuando la eyaculación ocurre, el hombre pierde energía física y requiere de un tiempo para la recuperación. 

La eyaculación es el resultado de lo que se entiende como orgasmo pico, aquel de corta duración y que termina en una explosión de energía. Pero el dominio de la eyaculación nos lleva al orgasmo valle, que consiste en el orgasmo todo el cuerpo, que no adelanta el fin del coito porque la erección no cede y el clítoris puede seguir siendo estimulado sin molestia.

El orgasmo valle es clave para el mayor disfrute de la relación. Una técnica tántrica para mejorar la conciencia del momento eyaculatorio es la práctica de la percepción del instante previo, es decir, detenerse justo en el momento en que la persona va a eyacular. Pasados unos segundos, es posible volver a la acción. Para favorecer el estado de autoconciencia, es necesario practicar la escucha de uno mismo y detectar las sensaciones placenteras que llevan al orgasmo pico. En primer lugar, el trabajo se realiza solo. Cuando existe cierto dominio, entonces se trabaja con la pareja.  


Parte de este artículo se ha escrito tomando como referencia el texto elaborado por Juan Antonio Corbín para la revista Psicología y Mente.

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